Nuestra forma de entender la medicina

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El pasado 7 de mayo, en el coloquio que siguió a la presentación de nuestro libro EVA EN EL JARDIN DE LA CIENCIA, una joven nos preguntó si el tipo de asistencia médica que preconizábamos, creíamos que era una práctica habitual.

La respuesta que dimos, fue interpretada de ingenua y que no se correspondía con la realidad cotidiana. Hemos considerado que nuestra Web es el medio adecuado para expresar nuestra ética asistencial.

Tan solo existe un “tipo” de medicina, cual es LA BUENA MEDICINA. Para conseguir que la práctica médica sea ciertamente un acto de verdadera dedicación y a veces abnegación, son necesarias una serie de premisas. La primera y más conocida es la de que el médico tan solo debe velar por los intereses del paciente. Este, aparentemente, obvio principio, descarta cualquier interés mercantilista, en el ejercicio de nuestra profesión.

El médico debe ser humilde, es decir reconocer sus limitaciones y remitir  al centro o al compañero más idóneo para tratar el problema cuya resolución se escapa a sus conocimientos.

El humano no solo es hígado, matriz o pulmones, es un ser que vive en un mundo y padece las influencias positivas o negativas de su entorno. El médico no debe constituirse en un simple prescriptor, sino que debe escuchar al paciente, descubrir lo estrictamente orgánico o lo que refleja una situación de desequilibrio íntimo, personal, anímico, que un certero consejo y sobre todo una sincera empatía, serán la mejor terapéutica.

El médico debe ser estudioso, pues la medicina, evoluciona rápidamente, y los tratamientos con igual o mayor rapidez.

Podemos asegurar, que los estudios de medicina son vocacionales, pero también tenemos que reconocer que el ejercicio de la Medicina, en según que infraestructuras, dejan poco o nulo margen para las cualidades que hemos descrito como las más necesarias. La prueba de ello, es el ingente número de médicos que emigran a otros países, en busca de mejores condiciones de trabajo, y desgraciadamente el nada despreciable número de agresiones a los médicos, que reflejan la indignación del usuario, que suele confundir al mensajero, con el autor de la carta.

A todo ello habría que añadir la enorme presión asistencial que sufren los médicos por una planificación en el número de consultar, que no depende de ellos.

Santiago Dexeus, Mª Dolores Ojeda

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